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BEN WEBSTER : PLAYS BALLADS Stardust. Cry me a river. For heavens sake. Greensleeves. My romance. Willow weep for me. Old folks. Ben Webster. Saxo tenor en todos los temas. Stardust : Teddy Wilson (Piano). Niels-Horsted Pedersen (Bajo). Mayaka Ntsoko (Batería). Cry me a river : Ole Kock Hansen (Piano). Niels-Horsted Pedersen (Bajo). William Schioppfe (Batería). For heavens sake : Ole Kock Hansen (Piano). Ole Molin (Guitarra). Hugo Rasmunsen (Bajo). Bjarne Rostvold (Batería). Greensleeves, My romance, Willow weep for me : Kenny Drew (Piano). Niels-Horsted Pedersen (Bajo). Al Heath (Batería). Old folks : Ole Kock Hansen (Piano). Ole Molin (Guitarra). Niels-Horsted Pedersen (Bajo). Bjarne Rostvold (Batería). En Cry me a river y Greensleeves los grupos están acompañados por la Danish Radio Band. Grabado entre el 14 de Julio de 1967 y el 22 de Noviembre de 1971. Storyville. |
Ben Webster, como tantos compatriotas suyos, abandona Estados Unidos. Es la década de los 60, son malos tiempos para el jazz, y la musicalmente mucho más culta Europa les acepta ávidamente. Ben se instala en Dinamarca en 1964 y, feliz, comienza un período de actividad frenética. Graba y actúa con una energía descomunal y, si oyes sus discos de entonces, (There is no greater love, Stormy weather, Gone with the wind, Meets Bill Coleman, Swingin’ in London, For the guv’nor...), compruebas que son fabulosos, a la altura de cualquiera de sus grandes discos previos. Y éste es un Lp curioso, pues siendo Ben el auténtico e incontestable dios de la balada al saxo, aún no tenía ningún Lp dedicado específicamente a ésa faceta suya tan característica, aunque hubo aproximaciones anteriores como el excelente Music for loving. Así que Storyville enmendó el tremendo error y aquí tienes a Ben con temas grabados entre Julio del 67 y Noviembre del 71, en diversos formatos (cuarteto, quinteto y junto a la Danish Radio Band) y con diversas formaciones. Los temas tienen dos características en común: Son baladas de una belleza infinita y son algunos de los temas favoritos de Ben.
Y comienza el placer con Stardust. Y una de las mejores baladas, quizá la balada por excelencia para el saxo, se insinúa y comienza a inundar tu organismo de belleza y quietud. ¡Y qué sentimientos te embargan cuando la oyes!... imposible no cerrar los ojos y dejarte mecer por ése solo tan salvajemente bello de Ben... y cuando calla, Teddy, fabuloso pianista, le toma el relevo y, sí, su piano puede ser tan dulce y líquido como el increíblemente fluído y personal saxo de Ben. Belleza, belleza absoluta en dos formatos distintos... y el público enloquece, claro. Teddy calla, Ben vuelve al ataque y la sección rítmica de lujo, (Niels, el dios del contrabajo, y Mayaka, excelente batería) les apoyan unidos como el día a la noche. Fantástica. Y si Stardust es increíblemente bella, Cry me a river sin duda se puede decir que la iguala, que quizá la supera. Está grabada con la Danish Radio Band, lo que le da una fuerza instrumental inusitada, y, como Stardust, también es un tema que impide toda movilidad, te fuerza a soñar en cosas mejores, cierra tu mente y oídos y aísla tu mente a cualquier interferencia exterior que no sea ésa auténtica big band de belleza acrisolada, total...¡Qué derroche de vientos, qué arreglos, fantástica, fabulosa!... es una pieza a atesorar, sobre todo cuando Ben atenúa el sonido y lo vuelve más íntimo, más ronco y susurrante, aún más amoroso, casi lascivo...bello, infinitamente bello.
For heavens sake y qué calma más absoluta... una guitarra apenas entrevista, un saxo tan cadencioso que es pura pereza musical, aunque cada nota vale su peso en oro. Y aunque interpretado en la Radio danesa, sólo lo imagino en medio de un público abandonado, entregado, en un pequeño café de Chicago, y allí está Ole Kock al piano, y crees oír a uno de los grandes, y lo mismo puedes decir de Ole Molin guitarrista fabuloso, totalmente idóneo para la bellísima música que Ben interpreta para ti. El dúo de los dos Ole podrías oírlo durante horas, pero vuelve El Hombre y las notas de su saxo revolotean ante tí como mariposas de terciopelo, y sólo deseas rendirte ante él, es demasiada belleza en sólo tres temas, pero no lo haces, pues sabes que quedan más piezas, y Ben también lo sabe y te ofrece el añejo Greensleeves, una versión algo extraña, más acelerada de lo normal, y también con la Danish Radio Band. Y pese a su brevedad (es realmente corta) Ben no renuncia a ofrecer, como siempre, un solo de gran belleza. Pieza corta, sí, pero, como todas las de éste fabuloso Lp, de gran belleza e intensidad.
Pero regocíjate, pues comienza una de sus piezas más queridas y personales, la calma absoluta de My romance, toda una lección irrepetible de cómo debe tocarse el saxo en el contexto de la balada de jazz. Hubo aspirantes al trono, y alguno, tan superdotado como él, hasta lo rozó, pero cuando oyes ésta lección tan magistral, sabes que sólo hay un dios, un rey de la balada al saxo en el jazz, y es sin duda Ben Webster, y que muy pocos podrían tocar éste tema con sólo la mitad de pasión y entrega con que lo hace Ben, y su saxo es un torpedo de belleza en la línea de flotación de tu emotividad. Kenny sabe que ésta grabación es especial, se esfuerza al máximo y el ambiente en el Pori Jazzfestival se llena del penetrante aroma del romance, de belleza y amores no correspondidos. ¡Qué triste puede ser un romance para un jazzman!... quizá sólo la sensibilidad extrema de uno de los mejores jazzman de todos los tiempos pueda transmitir la carga de infinita belleza y triste melancolía que Ben nos regala. Y comienza Willow weep for me y vuelve ése ambiente de desidia, ésa música tan extremadamente bella que pone tus biorritmos a punto de cierre por abandono, pues la extrema emotividad de la música logra que alcances la introspección perfecta, y el nirvana, y ya casi levitas... al menos mientras suena el tórrido saxo de Ben o el piano igualmente sedante de Kenny. ¡Qué calma!. Y así, se logra de nuevo el milagro, y cuatro músicos totalmente conjuntados suenan con la plenitud y la fuerza de una orquesta sinfónica. Increíble, no sobra ni falta una nota, y todas son de una belleza infinita... y son perfectas. Asombroso.
Y si aún te quedan fuerzas (algo casi imposible) atrévete con ésas Old folks que te ofrecen Ben y ambos Ole y... no, mejor déjalo todo y empápate. Está tocando Ben y algo debe cambiar en ti aunque sea temporalmente, y Ole acaricia el marfil y ésas notas, tan etéreas como pueden serlo las que Ben extrae al bronce acarician tu cerebro con un efecto relajante total, y los asistentes a la sesión, shockeados, apenas tienen fuerzas para aplaudir enfervorizados, pero consiguen que vuelva Ben. Quiere despedirse de un público atento al más mínimo acorde, a la mas más pequeña nota, a cada sonrisa de complicidad... y emite un solo de imposible belleza, de intensidad sobrehumana, y el público, exhausto, logra sacar fuerzas de donde no quedaban para dedicarle una ovación de intensidad 10 en la escala de Richter. Oh, sí, no lo dudes, has oído uno de los mejores discos de Ben, y, por ende, uno de los mejores discos de la historia del jazz, y uno de los mejores discos de la historia, a secas. A conseguir definitivamente.