|
|
Peixe vivo. Tristeza do jeca. Quando tu passas por mim. Malandrinha. Pois é. Noite cheia de estrelas/O grande amor. Lamento no morro. Súplica. Rosa morena. Amo-te muito. Fechei a porta. Neuza. Céu de Brasilia. É a ti flor do céu.
|
|
WAG Ni Zé Renato ni aún menos Wagner Tiso llegaron ayer a la música brasileña, y tienen carreras muy similares. Wagner, el otro yo de Milton Nascimento, su íntimo amigo durante tantos años, ya tocaba el piano con 4 años, y siempre junto a Milton, en 1955, forman una primeriza banda de baile y luego su primera banda seria, Luar De Prata en 1957. Con Milton formó parte de Evolusamba, del Cuarteto Sambacana y del mítico Clube Da Esquina. Y formó, en 1969, Som Imaginario, excelente grupo que acompañó a Milton y con el que grabaron varios Lp’s, por ejemplo, “Milton”. Zé creó, en 1978, otro grupo primordial en el devenir del rock brasileño, Boca Libre. Ambos han grabado muy interesantes discos en solitario o conjuntos, y varias bandas sonoras de películas. Los dos son grandes compositores. Tantas similitudes... Era casi inevitable que los dos monstruos se unieran. El gran pianista y el fabuloso cantante se unen en el 2.002 a varios destacados músicos (algunos les acompañaron en algún momento de sus carreras), y graban Memorial, genial homenaje a grandes compositores y temas brasileños de los 60, un disco imprescindible. Peixe vivo lo inicia. Comienzo indeciso, bello, melancólico, como un tango “sinfónico”. Recuerda una de las fascinantes bandas sonoras para soñar que Nino Rota compuso para Fellini. Luego, basado en vientos y cuerdas, toma un cariz más ligero, vital, música amable, optimista pero con un leve matiz triste, melancólico. Y un alegre acordeón parisino es el protagonista. Gran comienzo, que no indica lo que se avecina. Tristeza do jeca. Otro inicio, más tristeza. Bellísimo piano, coro parisino y la cálida, íntima voz de Zé junto a la voz sobrenatural del inmenso Milton, que por supuesto aparece aquí. Tema profundo y bello, muy hermoso y urgente, con un piano enloquecido de Wagner al unísono con la guitarra. Capta el alma de la música brasileña, con gran belleza en música y texto. Cantan Milton y Zé, y sabes lo que es la belleza, y evocas el murmullo del agua, que siempre recuerda algo. Fantástico. Quando tu passas por mim. Belleza sin igual. Como la confidencia de un amigo, ésa fantástica voz habla de penas y amores y se funde perfectamente con los íntimos sonidos de Wagner en fácil equilibrio entre el jazz elegante y el piano de “banda sonora”. Zé, oído en toda su pureza, confirma ser otra gran voz brasileña. Plena, llena de matices y belleza, elocuente, ideal para el sinfonismo delicioso de éste atmosférico tema. Malandrinha. Zé canta apasionado, desengañado, a la imagen ideal de mujer y a la agonía de su sueño. Es uno de los temas más dolorosamente bellos que hayas oído, confesión íntima, tan triste que oprime el corazón. Rebosa ésa tristeza terrible que exhalan los ancianos y los enamorados olvidados. Pesar, soledad, melancolía, un atardecer en un bosque en Otoño... todo lo evoca. Cuerdas magníficas y un piano lleno de sentimiento desgranan un canto a la tristeza. La música te acoge como una amante y compartes la pena de Zé, y su música es tan solitaria que crees que canta sólo para ti, y acaba y algo se rompe. Portentosa. Pois é. Zé está más animado y el coro, bellísimo, le apoya. Canta a la mujer, y el tema es menos sombrío. El jazzístico piano y su maridaje con la voz de mil matices de Zé, da el tono justo a ésta bellísima pieza. Finaliza abruptamente. Te sorprende, y deja la sensación de algo maravilloso en tí. Noite cheia de estrelas. Unos tristes piano y violonchelo y otro tema triste. Pobre Zé. Quizá es siempre así, la melancolía es una forma de vida. Leves trazos de cuerdas y el piano dan una dimensión especial, muy nostálgica, a un tema ya bellísimo. La brumosa voz de Zé canta su dolor y hay una mujer, claro. El piano mínimo, el gran contrabajo y el violonchelo logran un sonido de belleza terrible, muy triste y abatido. Wagner es el adalid, gran teclista, y su cohesión con la soberbia voz de Zé es total, fabulosa. A oír mil veces. O grande amor/Lamento no morro. Intro pianística, homenaje genial. Zé habla de la mujer amada. Se suman más músicos, y aunque el tema original es perfecto, los bellísimos arreglos dan una visión nueva, íntima, más entrañable. Y suena la mítica Lamento no morro. El piano es aún más bello, y Zé menos triste. Gran riqueza musical, y una bellísima guitarra, un piano que destila melancolía y la lánguida voz de Zé son el alma del tema. La orquesta de cuerdas le da una dimensión especialísima, aérea. Excepcional. Súplica. Bello acordeón, guitarras con sabor a fado, tristes y afligidas, vientos y cuerdas de enorme belleza. Tema ideal si deseas sumirte en la saudade, la sombría desesperación que provoca lágrimas furtivas. Extenso, íntimo. Zé canta su tristísima historia de amor, y él y la guitarra de Zé Paulo te abocan a una sensación extraña. Tema apasionado, que ofrece tanta belleza teñida de melancolía que no puedes ignorar. Rosa morena. Al clásico, amable, bello como el resto pero algo más optimista, Wagner y Zé le dan una pátina de tristeza, un matiz de nostalgia de gran belleza. Wagner, excelso pianista, toca un solo de gran finura, y el original, alegre, radiante, tiene otra lectura. Y la instrumentación, con vientos y cuerdas, es perfecta. Amo-te muito. Bellísimo piano, coros angelicales y ésa voz algodonosa, idónea para el secreto compartido. Cuidado con su voz, decía Tolkien. Añade una guitarra escueta y adecuada y es el tema perfecto para cerrar los ojos, oír y soñar. Las voces de Boca Libre, el viejo grupo de Zé, se suman, magníficas. El piano, ternura pura, y Zé, Wagner y Boca te llevan al cielo. Acaba, pero repites, más de una vez. Fechei a porta. Zé no está tan melancólico, y el piano y el inesperado trombón lo convierten en un momento delicioso, delicado, casi alegre, innegablemente bello. La instrumentación que viste a éste fantástico tema como un traje a medida, te lleva al éxtasis. Wagner y Zé logran un tema de sencillez apabullante, su mejor arma. Un piano alocado, la voz refrescante, escucha relajada, y comprendes la gran riqueza de tonos, gamas y matices de su música... ¡Cuánta riqueza y magia duermen aquí!. Increíble. Neusa. La magia de Zé es como la flor mimosa del campo. Los protagonistas son un nostálgico piano y un acordeón parisino, añade cuerdas y vientos y consigues un tema de aire nuevo y la música, definición pura de qué es el sentimiento, te inunda paulatinamente, sin que apenas seas consciente. Oye el piano fundido tan íntimamente con el acordeón. Imágenes de gran belleza te inundan, y es como si fuera la primera vez que oyes un tema de amor. Fantástico. Céu de Brasilia. Aún más íntimo. Voz y piano, se unen más instrumentos, y su belleza crece. Zé canta con ésa voz propicia al tema íntimo, a la exposición de sueños y penas. Te gusta que susurre sus confidencias, subrayadas por el increíble piano. Instrumentación reducida, fabuloso saxo de Zé Nogueira, bellísimo, y ése esquemático piano, nos llevan a un lugar mágico. Nogueira debería tocar más, pues su dominio instrumental es inmenso. Todo aquí es pura atmósfera e introspección, y enamora. É a ti, flor do ceu. Zé y Wagner se despiden “y sientes palpitar su corazón”. Sí, yo también lo sentí. De nuevo el cielo en un tema, la sección de cuerdas y vientos le da una dimensión más épica sin restarle un ápice de belleza, y aporta una riqueza instrumental ausente en otros temas. Pero su belleza no está sólo en ésa sección, sino en la bella, sensible voz de Zé y el magnífico, magnético piano. Finalizas la escucha y, satisfecho, sumas otro cd que forzosamente debe figurar en toda buena discoteca. Y agradeces éste infinito caudal de maravillas que es la música brasileña. ¡Sumérgete en ella!.
|
|