COLEMAN HAWKINS

The Hawk Relaxes

 

Coleman Hawkins: (Saxo tenor). Kenny Burrell: (Guitarra). Ronnell Bright: (Piano). Ron Carter: (Bajo). Andrew Cyrille: (Batería).

 

I’ll never be the same – When day is done – Under a blanket of blue – More than you know – Moonglow – Just a gigolo – Speak low.

 

Grabado el 28 de Febrero de 1961 en el Englewood Cliffs, Nueva Jersey.  Prestige/Moodsville.

 

Coleman Randolph Hawkins, saxo eterno, prodigio y padre del saxo tenor, pionero del solo. Podía ser avasallador, o indeciblemente cálido. Su formidable dominio del saxo causa estragos aún hoy. Su estilo se basa en una titánica gama de matices, unido a una inusitada sonoridad y firmeza en su sonido, gran fortaleza en los temas rápidos y un prodigioso lirismo en las baladas, raramente logrado por otros saxofonistas. Imposible no conmoverse ante una balada suya, y junto con Ben Webster, Lester Young y Phil Woods, es el mejor baladista del jazz.

Coleman, (“Bean” o “Hawk”), nace en Saint Joseph, Missouri, el 21-11-1904. Empieza a tocar el piano con 5 años, el violonchelo con 7 y el saxo tenor con 9. El belga Adolphe Sax lo inventó por 1840, y se destinó a bandas militares. El jazz, generoso, asume casi cada instrumento, del saxo al peine envuelto en seda o la tabla para lavar, y empieza a usarlo en 1914. Cuando lo empuña Coleman, su papel está relegado a orquestas de baile, y a un uso muy trivial. Antes que él, Sidney Bechet o Frankie Trumbauer, grandes saxos, marcan hitos en su inclusión en el jazz, pero hacía falta un elegido para que tome un papel no sólo solista, sino vital.... Coleman.

1919. Se traslada a Chicago, uno de las cunas del jazz. 1920. Trabaja como músico en Kansas. 1921. Acompaña a una grande del blues, Mamie Smith, y sus Jazz Hounds, a Nueva York. Con ella graba su primer LP, a los 22 años. 1923. Entra en la orquesta de Fletcher Henderson. Coleman, muy cotizado, tiene dos grandes armas: su enorme maestría al saxo y su pericia para leer partituras, algo raro entonces. El grupo es su gran escuela, y desarrolla su arsenal (también toca el clarinete y los saxos “melódico en do” y bajo). Septiembre, 1924. Entra Louis Armstrong, y su aporte es brutal. Su infernal swing influye tanto al grupo, que obliga a  Coleman a incorporarlo a su estilo, aún primario, de mucho volumen, pero demasiado lineal. Pule su método, y más seguro, coloca solos más sólidos y complejos, gana en fuerza y viveza. Louis se va, y Coleman será el gran solista, logra la fama y, con veintipocos años, influye enormemente a muchos músicos, y convierte al saxo tenor en instrumento de moda.

            Toca con Fletcher hasta 1934, o solo, o con grupos como los Mound City Blue Blowers (1929) ó los Chocolate Dandies (1931) con otro gran saxo, Benny Carter. 1934. Ya maestro indudable del jazz, quiere volar solo, como un halcón. Deja a Henderson y recorre Europa con gran éxito salvo Alemania (los nazis le impiden entrar al ser negro) con el grupo del músico inglés Jack Hylton. Y graba Lp’s, alguno flojo (difícil estar a su altura), pero también con músicos fabulosos del jazz europeo (Django Reinhardt o Stéphane Grapelli), y con Benny Carter, que también dejó Norteamérica. 1939. Vuelve. Hay un cambio. Varios grandes saxofonistas (muchos, alumnos suyos: Byas, Tate, Berry, Jacquet), y sobre todo 2 genios como él omnipotentes al saxo, Ben Webster y Lester Young, le disputan su reinado. Pero Europa le sentó bien: su sonido es más sofisticado y rico en matices, más complejo y seguro, y ama el cuerpo a cuerpo: contraataca con un tema mítico clave del jazz, con el que logra una maravillosa plenitud, su tema bandera, reto para todo saxo: Body and soul, joya refulgente, obra maestra inapelable que evocar eternamente, y crea su propia big band, que deja en 1941. Febrero de 1944. Graba The many faces of jazz, Vol. 52, con Dizzy Gillespie, quizá el primer Lp del bebop. Y toca y graba con más jóvenes boppers: Parker, Roach, Monk, Navarro o Davis. 1946. Entra en el JATP y vuelve a Europa. 1947. Aporta su tercer gran tema a la historia del saxo con The man i love y Body and soul: Picasso, prueba de fuerza, puro saxo, el primer solo de tenor sin más músicos. Con él, corona, quizá, la cima de su instrumento. Los 50, actividad frenética: Graba muchos Lps, giras por Europa y América, quinteto memorable con Roy Eldridge, se une a Illinois Jacquet, y vuelta a Europa. En los 60 logra su gran sueño: Graba con 3 músicos a los que admira enormemente: Ellington, Webster y Rollins, y lega 3 obras de gran belleza y magnitud. Y muchas giras, muchos Lps. 1961. En su cúlmen, graba un Lp memorable. Banda de lujo, sonido definitivo y temas que son alta poesía y romanticismo: The hawk relaxes.

            El grupo es muy joven (el mayor tiene 29 años) pero fabuloso: Poco que decir del futuro mítico guitarrista Kenny Burrell (que tocó en varios Lps de Coleman) y del bajo, Ron Carter. Ronnell Bright es un talentoso pianista y compositor. Ha grabado 4 Lps en solitario, y muchos con Carmen McRae, Shirley Scott, Buddy Tate, Sarah Vaughan o Quincy Jones. Y Cyrille, buen batería, especialmente suave con las escobillas.

Lo inicia I’ll never be the same, amado por tantos saxos (recordad la bellísima versión de Stan Getz en el ya comentado The Peacoks). Su lectura es serena, de gran fuerza expresiva. Y comienza... contenido. Pero su belleza se adueña de los músicos gradualmente, y a mitad irrumpe la increíble guitarra de Kenny que, igual que Coleman, acaricia las notas, muy brevemente. Ronnell demuestra porqué está allí. Coleman, siempre magnífico, también lo es escogiendo sus músicos. Ronnell, joven pero con gran sabiduría en sus dedos, toca mucho, y muy bien.

When day is done es, quizá, aún más bello. Coleman y Kenny, solos. Y se bastan. Kenny sigue a Coleman y éste se apoya en él, y la pieza es tan bella que, sola, justifica comprar el Lp. Under a blanket of blue, bellíííísima balada entre las baladas, muestra que el Lp, aún no planteado así, es un cara a cara entre Kenny y Coleman, que toca algunos de sus mejores solos. Kenny no calla ante los ataques del maestro, cuyo discurso es cada vez más bello e intimista... más tenue, y se torna íntimo y lentísimo, casi un estertor dulcísimo, y destaca el piano, denso y hermoso. More than you know, perfecta entrada de Kenny, maestro absoluto, el piano, tan libre... de pronto irrumpe el majestuoso saxo y comprendes qué es la belleza. Su discurso es tranquilo, relajado, su timbre desafiante, de gran claridad y fuerza expositiva, y te acomodas y relajas tú también, el tema lo pide. Moonglow, casi un tiempo medio. Coleman acelera su saxo y comienza él sólo, haciendo lo que hace mejor que nadie, exprimir el tema hasta el final, y Ronnell toma su lugar, y cada vez me gusta más. Kenny improvisa un largo solo cargado de hermosura. Su guitarra dibuja bellísimos sonidos, y Coleman ofrece una última y acertadísima cascada de solos. Just a gigolo. Pero...¿No era rápida?. Coleman ofrece una versión  l  e  n  t  a, de belleza especial, su saxo nos lleva a un club de jazz, poca gente, atenta, paladeando los solos. Y entra Kenny. ¡Cómo toca!. Es puro algodón y terciopelo, y vuelve Coleman y notas el perfecto equilibrio del grupo, y aplaudes la labor de Ron. Sientes oir las notas finales de Kenny y Ronnell, pues el Lp acaba. Y antes, Speak low, tiempo medio casi rápido, pegadizo, de gran fuerza expositiva, protagonizado por Coleman. Y aún oirás a Kenny. Coleman interrumpe su discurso y entra él, y acelera el suyo, y también Ronnell. Y vuelve Coleman, que guarda un largo solo relevante por su fuerza, volúmen y sobriedad contenida. El Lp acaba, y sabes que has vivido un momento único. 

Elegante y sofisticado, distinguido, dueño de una sonoridad devastadora, Coleman logró lo imposible: sustituir la trompeta, símbolo del jazz, por el saxo. Y es que, tras él, éste nunca será igual. Con Coleman, el saxo logró la plenitud, convirtiéndose en pilar fundamental del jazz. Fué el primer saxo tenor trascendental, y durante su largo reinado, careció casi de rivales, pocos le igualan en grandeza. Un consejo: atrévete con él, su hechizo te fascinará, te causará una profundísima emoción, una sensación única, inolvidable.... y si no lo conoces, me encantaría descubrírtelo

Antonio Borrero Sánchez