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E.S.P. - Columbia. 1.965
Miles Smiles - Columbia 1.966
Sorcerer - Columbia. 1.967
Nefertiti - Columbia. 1.967 |
Mediada la década de los sesenta, Miles Davis había recorrido ya un largo camino en su incansable labor de desarrollo del Jazz moderno, que comenzó al lado de su creador, el saxofonista Charlie Parker, a mediados de los cuarenta. Pero ni casi dos décadas de éxito y reconocimiento, podían calmar la inquieta personalidad de este gran músico al que incomodaba el presente, que denostaba el pasado, y que vivía oteando un futuro siempre incierto pero de irresistible atractivo. Comenzaba entonces uno de los períodos mas interesantes de su evolución cuyo legado se extiende hasta el presente. De nuevo Miles huye hacia delante. Tras un período de pruebas insatisfactorias, todavía no ha logrado llenar el vacío dejado por algunos de los componentes de su anterior quinteto-sexteto. La pérdida de John Coltrane es especialmente dolorosa. Miles ha probado con otros tenores como Hank Mobley, George Coleman o Sony Stitt. Son buenos músicos, sin duda, pero ninguno es capaz de ocupar su puesto. Wynton Kelly, ha dejado vacío el banquillo del pianista. También abandonan el equipo el bajista Paul Chambers y el batería Jimmy Cobb. Es normal, trabajar con Davis, proporciona una fama instantánea, así que todos sus músicos están deseando comenzar su propia carrera, respaldados por tal prestigio. Pero da igual, en definitiva, estos músicos, tampoco le servirían para la próxima etapa, la que se adivina en el futuro, la que ya se va configurando en la mente de Miles. El trompetista va adoptando soluciones provisionales para hacer frente a los compromisos, pero poco a poco va encontrando sangre joven, músicos inquietos, pletóricos de ideas, ahogados en las estrecheces del hard bop. Con su quinteto pre-eléctrico integrado por el saxofonista Wayne Shorter, el pianista Herbie Hancock, el bajista Ron Carter y el batería Tony Williams, Davis da una nueva vuelta de tuerca en su exploración del Jazz modal, penetrando en un apasionante universo musical, de extraordinaria complejidad en el que los músicos pueden desarrollar su discurso sin ataduras melódicas y en un entorno de libertad armónica que rompe definitivamente con los límites impuestos por la ortodoxia hard bop. Davis nunca sabe hacia donde va su música, pero cuando llega allí, lo sabe de inmediato. Ahora, había llegado. Como siempre la mayor aportación de Davis radica en la sabia selección de sus acompañantes y su labor de dirección, selección y eliminación. Él es el elemento aglutinador de un buen conjunto de genios musicales. Es el padre, el director que con incontrovertible autoridad elige, selecciona, critica, aconseja, pone en marcha y deja hacer. Los verdaderos creadores son los chicos de la banda y en especial, Wayne Shorter. Un Shorter que, en el mejor momento de su carrera, ya sea componiendo o interpretando, desborda ideas y deja claro que tiene mucho que decir y ganas de hacerlo. Liberado de las apremiantes exigencias de la banda del incombustible Art Blakey de la que provenía, firmemente anclada en las raíces del hard bop mas tradicional, se descubre a si mismo, explorando sin apremios, nuevos mundos musicales, plagados de colores y matices cuya existencia tal vez, él mismo ignoraba. El mejor saxofonista con el que contaba Miles desde la partida de Coltrane y sin duda, mas adecuado que éste, para el nuevo paso en su carrera. Y detrás se encuentran Herbie Hancock, al piano, Ron Carter al bajo; y, a la batería, tejiendo una tupida e hipnótica tela de araña polirrítmica, el gran Tony Williams. No es una mala rítmica. En ese cómodo y seguro lecho, se desenvuelve la trompeta de Davis que con su hermosa y aterciopelada sonoridad desarrolla un discurso introspectivo, premeditadamente irregular y en ocasiones errático. En el repertorio, Shorter en este momento de formidable creatividad, toma la delantera y lleva al estudio algunas composiciones de gran nivel, ya elevadas a la categoría de clásicos. Temas como Nefertiti, Fall, Pinocchio, ESP, Iris, Masqualero, Vonetta, o el blues Footprints. Son temas cautivadores, a menudo misteriosos e incluso inquietantes. En cualquier caso, son el material idóneo, algo novedoso, nunca oído hasta el momento. Eso agrada a Davis, aplaca de momento su inquietud y son el conducto de liberación que en definitiva le conducirá en breve a una nueva etapa de su carrera que culminará con la grabación de Bitches Brew. Herbie Hancock, ha llegado también en el momento indicado y su pianística se encuentra a años luz del mainstream de Wynton Kelly. Es otro pilar fundamental del conjunto y también aporta algunos temas como Little One, Riot o Madness. Para comprender la importancia de los músicos del conjunto en este período fundamental en la eterna evolución del trompetista, hay que decir que el propio Davis, aporta únicamente dos temas de su autoría a las grabaciones: Agitation en el álbum E.S.P. y Circle en el disco Miles Smiles. Son cuatro los álbumes grabados por el quinteto pre-eléctrico del 20 de enero de 1.965 al 19 de julio de 1.967: E.S.P., Miles Smiles, Sorcerer y Nefertiti. Con ellos Miles Davis, conduce su música hacia una mayor abstracción y libertad. Las estructuras armónicas se diluyen y dejan un inabarcable campo de acción a los solistas en el que se desenvuelven en un universo de lógica compleja, liberados de las ataduras de la rígida secuencia armónica del jazz tradicional o de los cambios de tonalidad del primer jazz modal, del que Kind of Blue es la máxima expresión. No es una música fácil. Es una música complicada e inaprensible, que no llega a ninguno de los dos públicos potenciales de Miles. Los jóvenes no encuentran en esta música la instrumentación electrónica ni los ritmos binarios del rock que vive su plena efervescencia. Los aficionados al jazz, seguidores tradicionales de Davis, buscan en vano, las melodías reconocibles y cantables de Stella by Starlight o Round Midnight o las estructuras coherentes de Love for Sale. Así que, estas grabaciones no son precisamente un éxito comercial. Tal vez tampoco un fracaso, aún cuando solo sea porque vienen avaladas por el nombre de Davis y muchas veces, con eso basta. Davis no es solo un músico. Es todo un fenómeno musical, social y cultural. Es una personalidad de atractivo indiscutible. Inconformista, rebelde. Amado y odiado por igual. Todas las etapas de su extensa discografía, de su eterna evolución, tienen una trascendencia que va mas allá de lo meramente musical. Pero las grabaciones del quinteto pre-eléctrico, dentro de esa formidable obra, han creado escuela y son imprescindibles para comprender y conocer a este músico único que por su irrefrenable inquietud y su capacidad de asumir riesgos, fue el motor de Jazz moderno durante varias décadas.
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