Cuadro de texto: STAN GETZ & KENNY BARRON

People Time

Los que consideramos PEOPLE TIME como una de las últimas grabaciones clásicas de la era jazzística, no solo por su excepcional calidad sino también por su especial significado, tiempo ha sospechábamos de la existencia de unas cintas, acumulando polvo en algún lúgubre sótano, con la totalidad de las interpretaciones de Stan Getz y Kenny Barron en aquellas cuatro mágicas noches en el Monmartre Jazzhuis de Copenhage. Después de años clamando en el desierto, nuestras plegarias se han visto recompensadas con la edición en el año 2009 de la suculenta caja “PEOPLE TIME: The Complete Recordings”, que viene a zanjar tamaña injusticia histórica. Para celebrar tan magno acontecimiento, nuestros tres redactores, en perfecta armonía, cuentan cada uno su visión particular de estos siete CD cuyo contenido forma parte ya de la leyenda.

WEBSTER DICE:

Soul Eyes

2ª noche. 1er set

Es imposible resumir en unas pobres líneas 50 canciones y 7 horas de música fabulosa. People Time es uno de los más bellos y sensibles discos jamás grabados de jazz. Su música, tan densa y cargada de matices Hay que poseerla... o al menos, conocerla.

Pues People Time es, simplemente, BELLEZA, con mayúsculas.

 

No cabía esperar menos. En Marzo de 1991, Stan y Kenny, dos de los mejores músicos de jazz, están en un estado de gracia excepcional. El saxo de Stan supera cualquier definición, bálsamo puro que obliga a esforzar el oído para extraer la esencia de cada nota. Aunque le quedan tres meses de vida (o quizá por eso), Stan toca como si la vida le fuera en ello... y a veces, como si se le fuera la vida, y Kenny... su torrencial piano mantiene sin temor un cara a cara continuo con Stan, genio absoluto, gran amante del piano. Su unión es asombrosa, People Time su mejor regalo, y ellos protagonistas apasionados de sus mejores notas en un disco hecho por dioses para nosotros, pobres amantes del jazz.

 

Al grabar éste disco, Stan conocía el mal que acabaría con él. Quizá supo que iba a morir y quiso grabar su última obra maestra, compendio de su sonido, o creyó poder vencer a su dolencia ... Que más da. Su música late bellísima, sin importarle su estado... y quizá a él tampoco le importaba. Tal vez su mal le restó fuerzas, pero nos ofreció un legado magnífico, una obra espectacular, de calidad total con temas de belleza imposible, sensibles y desgarradores, como los excelsos Firts song, denso, asombroso en cualquier versión, People time, I?m OK, Yours and mine o todas las tomas de I remember Clifford, tan íntimos, donde Stan y Kenny logran cotas de hermosura absoluta... 

prefiero al Stan romántico, soñador, que mantiene tu corazón fuera del pecho. Y hay temas exultantes como Like someone in love, Bouncing with Bud o The surrey with a fringe on top, vitales y pletóricos, plenos de alegría de vivir que niegan la angustia que sin duda sufría.

 

Stan es buen jefe: Kenny, a menudo, asume el protagonismo y el maestro descansa... aunque parece en plena forma física y técnica. Kenny es sólido y fiable, y tras sus muchos lucimientos, el público, extasiado, prorrumpe en aplausos, igual que con Stan, pues Kenny no se limita a ser el mero contrapunto de otro grande del jazz... y no iba a empezar aquí, donde es, nunca mejor dicho, la mitad del Cd. El ambiente es palpable en éste fabuloso estuche... a menudo, no puedes creer lo que oyes ni permanecer impasible cuando en temas perfectos como I remember Clifford, tras una intervención magistral de Stan, suena ése piano nocturno, tristísimo, tan conmovedor que casi te hace llorar…

 

Y standards como Autumn leaves, que en otras manos serían redundantes, Stan y Kenny las mudan en temas espectaculares y cautivadores. People time es sin duda el disco más lírico y emotivo grabado por Stan, y gana en belleza e intensidad con cada escucha. Es fantástico que se grabe música de tal calidad. Una pieza única, un disco tristemente irrepetible, un pilar del jazz. Poco hay que hacer ante éste prodigio, salvo, claro, conseguirlo y agradecer su existencia... nos ha hecho mucho más felices.

 

Y si prescindimos de la leyenda y romance que envuelve éste disco, sólo queda la música desnuda, eterna, seductora, que nos sumerge en el bellísimo mundo hecho de notas imposibles que Stan y Kenny grabaron en el viento para nuestro eterno deleite... sólo con ésta obra, cualquier músico pasaría a la historia del jazz y la posteridad... pero ellos ya eran historia.

En el mes de marzo de 1991, Stan Getz regresaba por última vez al club Montmartre de Copenhague para decir adiós. Una irreversible enfermedad había puesto fecha de caducidad a su existencia y a su arte. El público danés lo adoraba y en ese mismo club se habían registrado álbumes históricos como Stan´s Party, Anniversary o Serenity. Stan Getz regresaba a casa, herido de muerte, con la única compañía de ese pianista al que tanto admiraba, Kenny Barron.

 

Nuestros protagonistas no eran gente normal de la que uno se encuentra por la calle en un día cualquiera. Especialmente, Getz fue una de esas personalidades extraordinarias que habitaron el universo del jazz del siglo XX. Como tantos otros de su generación, no era la clase de tipo con el que te gustaría compartir el resto de tu vida, pero desde la perspectiva puramente artística era un hombre tocado por la mano de Dios. Hablamos de un músico que transformaba cada melodía en una fluida sucesión de frases etéreas y líricas, de pura poesía en  perfecta rima consonante, pero también, cuando llegaba el momento, de trepidante swing, de ritmo, de puro jazz.  Barron, por su parte no acudía a Copenague como un mero comparsa. El propio Getz había insistido en situarlo a su mismo nivel tanto en el cartel, como en el caché. Barron llegaba al Café Montmartre como co-protagonista de este último acto, papel que por derecho le correspondía como uno de los grandes pianistas del mainstream del jazz moderno.

 

Lo bien cierto es que cuando Getz, sube con Barron al escenario del Montmartre en Marzo de 1991, aparte del nada irrelevante hecho de que se esta muriendo, se encuentra todavía en posesión de la casi totalidad de sus facultades artísticas y hablando de Getz, eso no es poca cosa. Sin duda hay momentos de debilidad en que las fuerzas le abandonan, pero ahí esta Barron para rellenar sus silencios y vacilaciones, para sostenerle con toda esa vieja magia negra que cautivaba a Getz, hasta que éste vuelve otra vez con fuerzas renovadas ante el entregado público danés que sabe comprender y aplaude con devoción. Un público que, como nosotros hoy, no es capaz de sustraerse al entorno emocional casi dramático en el que se desarrollan las grabaciones.

 

Sin embargo Getz se enfrenta a este último baile con alegría y optimismo, exprimiendo hasta la última gota la portentosa fuente de su arte. Getz danza entre viejos standards y conmovedoras baladas, entre bienhumoradas introducciones y silencios obligados. Getz baila hasta el final, hasta la extenuación, hasta el inevitable instante en el que ya no hay nada más que decir y llega el momento de  despedirse en silencio, como el protagonista de la inmortal balada “Angel Eyes”: “Excuse me while I disappear…”

 

 

 

Eso es lo que tienes entre las manos, amigo. Uno de esos momentos únicos que dejan huella indeleble en la historia de la música. Un antes y un después. En el jazz hay unos cuantos como éste. Registros de culto que sobrevivirán mas allá de la mortal existencia de sus protagonistas y de nosotros mismos.

PARKER DICE:

People Time

2ª noche. 2º set

 

Desde estas páginas ya hablamos en su momento acerca de la capital importancia de la primera edición de PEOPLE TIME, el testamento musical (y vaya testamento) de Stan Getz. Hemos tenido que esperar la friolera de diecisiete años para tener la oportunidad de disfrutar de la edición completa de aquellas esenciales grabaciones.

 

Siete CD conteniendo cuarenta y ocho interpretaciones de veinticuatro temas son las principales magnitudes de esta esperada caja puesta en el mercado sin excesivo ruido por Jean Phillipe Allard, el productor al que tanto tenemos que agradecer que creyera, dejando de lado las veleidades de la industria musical, en la fórmula del dúo tenor-piano con tan ilustres protagonistas. Según las detalladas notas de Gary Giddins (destacado periodista y productor de jazz, autor de numerosos ensayos y biógrafo de Louis Armstrong y Charlie Parker), el origen de estas sesiones se remonta a las interpretaciones a dúo y sin micrófono de la pieza People Time en la gira del sensacional último cuarteto de Getz con Kenny Barron al piano, aquel cuarteto que arrojó los imprescindibles “Anniversary” y “Serenity” a finales de los 80.

 

El texto de Giddins, de obligada lectura, abunda en detalles de enorme interés, biográficos, técnicos y sobre todo humanos, acerca de todos los aspectos que rodearon la grabación. Respecto al contenido de los discos, resulta sorprendente y dice mucho de la situación de la escena musical el que documentos históricos de esta capital importancia hayan dormido el sueño de los justos durante años, a la espera de una oportunidad en un mercado saturado de mercantilismo e impostura. Las interpretaciones son magistrales sin excepción, destilan autenticidad, supuran la vivencia de sus protagonistas, transmiten la emoción de estar experimentando un momento único y quizá crepuscular en la historia del jazz. Hay momentos divertidos, especialmente aquellos en que Stan Getz se dirige a la audiencia para agradecer unos aplausos perfectamente ejecutados, o para invitarles a una ronda por cuenta de la casa mientras cambia su boquilla. También hay momentos conmovedores, como cuando Kenny Barron estira sus solos para cubrir el comprensible cansancio de su compañero aquejado de una enfermedad terminal y cuya sola presencia en el escenario ya es una sobrehumana demostración de entusiasmo y pasión por la vida y la música.

 

En suma, hay una sobrecogedora experiencia musical, artística y humana contenida en esta admirable edición, que entre otros logros ha conseguido poner de acuerdo en este trabajo conjunto a los tres redactores de Jazznoend.

COLTRANE DICE:

I´m  Okay

2ª noche. 1er set

Stan Getz interpreta a dúo con el pianista Kenny Barron el tema People Time en un concierto grabado en el Munich Philarmonic en 1.990, pocos meses antes de su actuación en el Café Montmartre