MILES DAVIS COMPLETE LIVE AT THE PLUGGED NICKEL

A finales de los años veinte, las grabaciones de los Hot Five y los Hot Seven de Louis Armstrong marcaron el punto de partida de lo que llamamos jazz. Desde entonces la progresión estilística de nuestra música no cesó durante varias décadas, en términos improvisativos, rítmicos y armónicos. Sin embargo es probable que, en estos aspectos, el jazz no haya ido mucho mas allá desde que el segundo gran quinteto de Miles Davis actuó en el Club Plugged Nickel de Chicago los días 22 y 23 de diciembre de 1.965.  Puede especularse si la música del propio Coltrane en estas mismas fechas, había alcanzado  metas mas distantes o incluso si la liberación total planteada por los conjuntos de Ornette Coleman, Don Cherry o Archie Sheep, se sitúa por delante de la música que escuchamos en el club de Chicago. Podemos incluso poner en duda si el inmediato advenimiento del jazz eléctrico, y la consiguiente incorporación al jazz de la instrumentación y los patrones rítmicos del rock, suponen desde un punto de vista estrictamente jazzístico algún avance respecto de la música del Plugged Nickel y en general de toda la música que produjo este llamado quinteto pre-eléctrico a mediados de los años sesenta.

   

    

En cualquier caso y sean cuales sean las valoraciones globales que puedan hacerse sobre esta música, lo que resulta incontestable es que asistimos a un gran espectáculo difícilmente superable. Para comenzar los registros, de gran calidad técnica, nos sitúan plenamente en el interior de ese club de jazz abarrotado: ruidos de vasos, risas, conversaciones a media voz, exclamaciones de entusiasmo, aplausos y, de vez en cuando, el ruido de la caja registradora. Ni siquiera las grabaciones en el Blackhawk, unos años antes, consiguen captar de una forma tan intensa ese cálido ambiente de club, que los aficionados tanto amamos.  Además el estuche de Columbia, al igual que los registros en el Blackhawk, contiene la integridad de las actuaciones del conjunto, por el orden en el que los temas fueron interpretados, sin cortes ni edición. Lo que escuchamos es lo que ocurrió. A pesar de que parte de la música se había perdido, el descubrimiento de nuevos juegos de cintas, permitió la reconstrucción de toda la música producida en las veladas de los días 22 y 23 de diciembre de 1.965 y decidió a Sony a su publicación en un estuche de ocho compactos en su colección Columbia Legacy.

     

Y en el escenario el conjunto de Davis. El segundo gran quinteto que le conduciría a la era eléctrica.  Sus posibilidades ya se insinuaban en los álbumes Miles in Europe, Four and More y My Funny Valentine, en los que el saxofonista era George Coleman y en Miles en Tokyo, grabación en la que el tenor Sam Rivers sustituía a Coleman, que había abandonado el conjunto. En el disco Miles in Berlin, de 1.963 Wayne Shorter ya se ha incorporado al quinteto y los nuevos derroteros musicales quedan definidos con claridad.

 

 

 

Wayne Shorter, procedía de los Jazz Messengers de Art Blakey. Era un gran saxofonista, pero también un prodigioso compositor llamado a revolucionar la música de Davis durante los años siguientes, aportando a la banda una buena parte del material que conformaría los históricos registros de estudio que esta banda estaba llamada a producir, el primero de los cuales E.S.P. ya había sido grabado cuando la aparición en el Plugged Nickel, tuvo lugar. Shorter era un músico inquieto, situado en la vanguardia jazzística del momento. El propio Leroy Jones, el gurú periodístico del free jazz, soñaba que Shorter fuera uno de los abanderados de este movimiento musical, planteado mas como instrumento de liberación de los negros que como un fenómeno musical. En cualquier caso, Shorter nunca dio el paso definitivo hacia el free jazz, aún cuando sus improvisaciones tanto en las grabaciones de estudio con el conjunto de Davis, como en el Plugged Nickel, muestran aspectos revolucionarios, en los que Shorter se sitúa un paso mas allá de la ortodoxia improvisativa del hard bop, liberándose de las ataduras armónicas y melódicas de los temas, para internarse en exploraciones cuajadas de abstracción y libertad. Herbie Hancock es otro elemento fundamental de la banda. Frente al elegante pero previsible Wynton Kelly, los acordes de Hancock son impredecibles. En ocasiones se acomodan a los parámetros de la ortodoxia armónica de los temas, pero luego, los modifica, los altera, convierte un blues en un tema modal, o una balada popular en algo distinto, misterioso o abstracto. Su acompañamiento tras el saxo o la trompeta es una continua invitación a aventurarse mas allá.   Ron Carter en el bajo es el soporte de las aventuras armónicas y rítmicas del conjunto. Rítmicamente mantiene la solidez que Paul Chambers aportaba al primer quinteto, pero añade a ello la flexibilidad necesaria para abordar los nuevos planteamientos del grupo. El pilar rítmico del conjunto en un genio precoz,  Tony Williams, que inventa de nuevo la batería de jazz, construyendo complejas estructuras polirrítmicas que a día de hoy nadie ha podido superar y que siguen siendo libro de texto  para todo batería de jazz. Su rítmica es apasionante, pura energía, es flexible, es el sustento y también el motor de todo lo que ocurre en el escenario. Y por supuesto, está Miles que técnicamente no se encuentra en uno de sus mejores momentos. La prolongada convalecencia de una complicada intervención quirúrgica en su cadera, le ha mantenido meses alejado de los escenarios. Pero, a pesar de todo, a despecho de los errores, de las imperfecciones, de las notas fallidas, se lanza con fiereza y fuerza inéditas en la improvisación. Es un nuevo músico, que aprende y descubre nuevos caminos con sus jóvenes músicos. La perfección del sonido resulta indiferente, metálicos agudos, notas, premeditadamente fuera de tono y un lenguaje que se desarrolla en las fronteras de la tonalidad.

 

Y luego está el repertorio, uno de los aspectos mas polémicos de estas actuaciones. Es sabido que por esta época Miles repetía concierto tras concierto los mismos temas, esencialmente los grandes éxitos de su primer gran quinteto de mediados y finales de los años cincuenta, con muy pocas novedades desde entonces. Es cierto que los nuevos músicos de su banda le invitaban a llevar al directo el magnífico material que venían produciendo para su grabaciones de estudio, pero Miles se resistía. Lo que parece cierto es que esta negativa no se debía a la comodidad de interpretar temas ya dominados, que no exigían nuevos esfuerzos frente al público en el difícil momento del directo. Carlos Sampayo afirma que esta reiteración forma parte de una especie de código que le une a la audiencia. La mera insinuación de las primeras notas de estandards como If I Were a Bell, Four, Milestones, Stella by Starlight, Autumn Leaves, Walkin', Round Midnight o So What producía un efecto de inmediata identificación con el público, aunque a continuación los temas quedan totalmente deconstruidos y sirven de mera excusa para mostrar los nuevos planteamientos y avances de su música.  Solo un tema nuevo se ha incorporado al repertorio en las actuaciones del Plugged Nickel, el original de Davis, Agitation, que ya había sido grabado en estudio por el conjunto algunos meses antes para el álbum E.S.P.

 

Asi que la música que escuchamos en el Plugged Nickel es apasionante y casi inabarcable. Es una gran aventura que está apenas comenzando. Es algo serio y cerebral. Una música que te exige atención y entendimiento, pero que ofrece satisfacciones perdurables que van mas allá de la mera satisfacción de una música fácil y agradable, banal o intrascendente.

Es indudable que los hitos mas trascendentes de la carrera de Davis se producen en el estudio de grabación y esta afirmación es igualmente aplicable a este periodo de la carrera del trompetista, Sin embargo el Miles Davis que escuchamos en estas grabaciones en directo, es imposible encontrar en las grabaciones casi perfectas del estudio. La carrera de un músico de jazz se desarrolla esencialmente en los escenarios de teatros y clubes y es allí donde escubrimos al verdadero genio espoleado por la interacción con la audiencia, en la espontaneidad, la aventura y el constante desafío del directo.  Por ello os invitamos a aventuraros  en esta formidable música y si queréis hacerlo sin grandes riesgos económicos, puede intentarse con el álbum sencillo Highlights of the Plugged Nickel, pero estamos seguros de que no será suficiente. Necesitareis asistir a la totalidad de estas veladas increíbles, un momento sobresaliente en la historia del jazz.  

 

                     Lorenzo Orriols