En 1.968 un inglés apasionado por el Jazz, Alan Bates, decidió fundar su propia discográfica. La música publicada por su sello Black Lion y por su filial Freedom, alternaba desde el Jazz tradicional de Louis Armstrong, Teddy Wilson, Bill Coleman o Earl Hines, hasta el free jazz de Cecil Taylor, Dollar Brand o Albert Ayler, pasando por algunas de las mejores grabaciones de Thelonious Monk en el crepúsculo de su carrera, actuaciones de Dexter Gordon, Don Byas o Johnny Griffin, registradas en el Club Montmatre de Copenhague, grabaciones inolvidables del Festival de Montreux del año 1.973 y mucho más. Todo el buen Jazz tenía cabida en su catálogo. Y por eso Charles Tolliver tuvo un importante lugar en él.
Aquellos que no le conocéis, creed en mi palabra cuando os digo que Charles Tolliver era, a finales de los años 60 y principios de los 70, un músico al menos tan brillante como Freddie Hubbard, Lee Morgan o Woody Shaw. Un trompetista formado en los Jazz Messengers de Art Blakey y en el conjunto de Max Roach, con una técnica verdaderamente notable, gran improvisador, enérgico, de tono brillante y agresivo. Su música era un hard bop avanzado y vibrante que, sin abandonar la tonalidad, se asomaba constantemente un poco mas allá de la ortodoxia bopper, con el fresco y apasionante aliciente del inconformismo y la permanente búsqueda.
Entonces, si lo tenía todo para haberse convertido en uno de los grandes trompetistas del Jazz moderno, ¿Por que después de una serie de grandes álbumes para Black Lion y para su propia discográfica Strata East, no ha grabado mas que ocasionalmente y hoy casi ha desaparecido del panorama jazzístico como músico en activo y es un desconocido para una buena parte de los aficionados.? La respuesta se llama misterio, adversidad, injusticia o quien sabe qué. Lo ignoro.
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Tres son las grabaciones que efectuó Tolliver para Alan Bates. En la primera de ellas, Charles Tolliver And His All Stars (también publicada en su día por Arista-Freedom con el nombre de Paper Man), grabada en 1.968 y que para mayor asombro no ha sido siquiera editada en disco compacto, Tolliver es acompañado por una rítmica de auténtico lujo: Herbie Hancok, Ron Carter y Joe Chambers, así como por el saxofonista Gary Bartz en tres de los temas del álbum. Con el acompañamiento de una rítmica de ese nivel y la calidad de las composiciones, todas ellas firmadas por Tolliver, el resultado es una grabación que no puedes escuchar una sola vez y en la que destaca sin duda un encantador ¾ llamado Peace with Myself, una rápida y vibrante Household of Saud y el blues funky Paper Man.
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La segunda grabación The Ringer, es un registro de 1.969. Acompaña a Tolliver un conjunto estable que se encontraba de gira por Europa en la fecha de esta grabación. Los múltiple ensayos y actuaciones del grupo se reflejan en el ambiente relajado, de mutua compenetración que se aprecia en la grabación. Al piano se encuentra Stanley Cowell, que además de amigo de Tolliver y su socio en el sello Strata East, es uno de los grandes pianistas del free jazz y del hard bop progresivo. Al bajo y a la batería dos músicos poco conocidos, pero algo mas que eficaces, Steve Novosel y Jimmy Hopps. Nuevamente todo el repertorio lleva la firma de Tolliver y es nuevamente uno de los grandes alicientes del álbum. Temas rítmicamente complejos, como Plight y On the Nile, de aromas orientales, la misteriosa balada Mother Wit, que evoluciona hacia un ritmo medio o el blues Spur.
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La última de las grabaciones es un registro en directo del año 1.972, efectuado por una emisora de radio holandesa en el Festival de Jazz de Loosdrecht. Tolliver tensa al máximo las flexibles pero limitadas fronteras del hard bop, rayando en ocasiones la atonalidad. Entre los acompañantes hay de destacar sin duda al pianista John Hicks. A la batería un magnífico músico llamado Alvin Queen y pulsando las cuerdas del bajo, Reggie Workman. Y en el repertorio cabe destacar el evocador tema de Neal Hefti, Repetition, un standard del Jazz moderno que popularizó Charlie Parker con sus célebres grabaciones con cuerdas. El resto, algunas otras interesantes composiciones de Tolliver como la balada Truth o Grand Max y una trepidante Our Second Father que cuenta con un formidable solo de Hicks. Como aspecto negativo hay que señalar que el registro técnico de la actuación es bastante deficiente. |
Son éstas, en definitiva, las mejores grabaciones de las pocas efectuadas por Tolliver durante su carrera, sin olvidar las efectuadas para su propia discográfica Strata East. Escuchando ahora su música solo queda imaginar lo que este sobresaliente trompetista nos hubiera ofrecido si el destino le hubiera situado en el lugar que, por merecimientos, le correspondía. Tal vez todavía pueda darnos alguna sorpresa...