Texto: Enrique de Ramón
|
Lo prometo: Después de escribir el presente artículo me confesaré ante las santas deidades del olimpo jazzístico, que seguramente me impondrán la agradable penitencia de silbar diez veces el histórico solo de COLEMAN HAWKINS en BODY AND SOUL. Como podréis ver, mi enfermizo pecado consiste en coleccionar tributos jazzísticos a los chicos de Liverpool, en un vano intento de conciliar mis dos pasiones musicales: el jazz y el rock. De todas formas, algo deben ver los herederos de Satchmo y el Duque en las armonías del famoso cuarteto para que estén disponibles en el mercado del jazz un buen número de obras íntegramente dedicadas a interpretar su vasto legado musical. Por no hablar de las versiones que aparecen últimamente en discos de músicos nada sospechosos de desperdiciar su caudal creativo como HERBIE HANCOCK, BRAD MEHLDAU o MARK TURNER. En las próximas líneas encontraréis un penetrante análisis de este curioso matrimonio contra natura entre dos universos musicales aparentemente disjuntos.
|
|
Count Basie, Ella Fitzgerald, Frank Sinatra, Tony Bennett, Bud Shank, Chick Corea, McCoy Tyner, George Benson, Sadao Watanabe, Lena Horne, Herbie Hancock, Sarah Vaughan, Diana Krall, Toots Thielemans, John Abercrombie, Brad Mehldau,...., ¿Les suenan estos nombres? Grandes figuras del jazz de todos los géneros y épocas, unidos por un curioso nexo común: todos ellos han interpretado temas de los Beatles en algún momento de su carrera, algunos de ellos incluso dedicándoles un álbum entero de su discografía. ¿Que tendrá la música de estos cuatro melenudos para que tantas estrellas desciendan de los cielos y se dignen revisionar su repertorio con respeto y admiración? Hay en mi modesta opinión una razón clave: el rock dejó de ser una música de baile popular pero simple de la mano del cuarteto de Liverpool en la segunda mitad de los años sesenta, para convertirse en una auténtica revolución artística cuyos ecos se perciben todavía en nuestros días. En aquella irrepetible década, la música de los Beatles evolucionó gradualmente desde el pop simple pero efectivo de sus primeros discos hasta configurar un cristal multifacético donde cohabitaban desde las cursilerías mas ramplonas hasta los mas arriesgados experimentos vanguardistas. Un río inagotable de creatividad donde todos podían pescar, desde los mas relamidos cantantes melódicos hasta los más furibundos improvisadores del universo jazzístico.
Es cierto que algunas de estas versiones despedían al principio un fuerte aroma a oportunismo, a un intento de los músicos que las interpretaban de aprovechar en su beneficio la impresionante popularidad del cuarteto para arañar audiencia o revitalizar carreras musicales un tanto alicaídas. No es menos cierto que la aleación de dos estilos de evolución tan diferente presenta una dificultad extrema si se pretende un resultado artísticamente significativo, no una mera interpretación rutinaria de unos temas instantáneamente reconocibles por la audiencia, en busca de un efecto epidérmico. Por ello, salvo algunas honrosas excepciones, los discos aquí reseñados distan de ser obras equilibradas y frecuentemente arrojan un saldo equivalente de aciertos y fracasos. Pero no por ello dejan de ser interesantes experimentos, casi siempre divertidos y curiosos, y en algunas ocasiones hasta brillantes. Por ello merecen que les dediquemos nuestra atención.
|
i
|
Empecemos por el gran Count Basie y su arrolladora máquina de fabricar swing de alta graduación. Una orquesta con solistas de la talla de Eddie "Lockjaw" Davis al tenor, Freddie Green a la guitarra o Sonny Payne a la batería, fraguada en los años 40 en dura competencia con otras extraordinarias big bands como la de Woody Herman o la del mismísimo Duke Ellington. El conde grabó un LP homenaje en el año 1966, BASIE´S BEATLE BAG, en pleno ocaso de la Beatlemania, justo cuando Lennon y compañia dejaban de actuar en directo para emprender su particular vuelo de madurez creativa. El disco, con arreglos del cubano Chico O´Farrill (famoso por sus partituras para big bands de aromas latinos como las de Machito o Dizzy Gillespie) bebe directamente del repertorio beatle mas convencional, el de sus primeros tiempos. Reeditado hace unos años por el sello Verve, es perfectamente encuadrable dentro de las coordenadas estilísticas de la orquesta de Basie, un perfecto ensamblaje de las secciones de vientos alternándose con los minimalistas solos del líder al piano acompañado de la sección rítmica. Nada especialmente innovador pero sí intrínsecamente disfrutable. Aunque la orquesta parece encontrarse mas cómoda en estructuras de blues como Can´t Buy Me Love o A Hard Day´s Night, no dejan de ser destacables los elegantes arreglos de Michelle, Do You Want To Know a Secret o And I Love Her, convertidas en auténticos prototipos de standard jazzístico dignos de figurar en cualquier antología del género de big band clásica. En definitiva, un disco construido a partir de un repertorio fácilmente trasladable a parámetros jazzísticos por sus raices en el blues y en la balada. La situación sería algo distinta en el siguiente homenaje de Basie, titulado BASIE ON THE BEATLES, y grabado a finales del año 1969. En el tiempo transcurrido entre los dos discos, la música de los Beatles ha experimentado un salto cuántico de proporciones indescriptibles, y el conde escoge principalmente temas de discos como REVOLVER, SGT PEPPERS o ABBEY ROAD, obras cumbre de la discografía rock de difícil encaje en el espíritu purista del jazz para big band clásica. Esta vez las partituras corren a cargo de Bob Florence, un arreglista de Los Angeles muy influenciado por Bill Holman. Florence perpetra algunas irreverencias con el material, cargándose de un plumazo la imponente solemnidad de piezas como Norwegian Wood o Eleanor Rigby, pero también acierta insuflando elegancia y sobriedad en The Fool On The Hill o Penny Lane. A destacar el momento en que la cuerda de saxos ejecuta nota por nota el excelente solo de guitarra de George Harrison en Something, o la revolución que sufre Yesterday, mutando de lacrimógena balada a tempo rápido lleno de swing con acertados solos y ensembles de Eddie Davis, Eric Dixon y Marshal Royal dentro de la mas estricta ortodoxia jazzística. |
|
Seguimos en el año 1969, cuando un joven George Benson, por aquel entonces todavía fino guitarrista de jazz deudor del gran Wes Montgomery, decide grabar un LP íntegramente basado en temas de ABBEY ROAD, una de las cimas de la discografía Beatle. Lo titula THE OTHER SIDE OF ABBEY ROAD, por supuesto dentro del sello CTI de Creed Taylor con el que tiene contrato en vigor. Los arreglos son de Don Sebesky, y como músicos de sesión utiliza grandes figuras del jazz de la época como Herbie Hancock al piano, Jerome Richardson al tenor, Freddie Hubbard a la trompeta, Ron Carter al contrabajo e Idris Muhammad a la batería. Con parodia de la famosa portada incluida, el disco destila respeto y admiración por el repertorio, aunque a diferencia de los de Basie se sitúa mas en la línea de fusión acreditada históricamente en las producciones de Creed Taylor que en una órbita de jazz clásico purista. Toneladas de vertiginosos punteos, grooves sustentados por la flauta de Hubert Laws, Benson cantando con buen gusto y aterciopelada voz, sedosos arreglos de cuerdas y vientos y el piano eléctrico de Hancock y Bob James configuran un escenario mas adaptable a las propuestas sonoras de la última época de Lennon y McCartney. Posiblemente una de las obras mas equilibradas que tendremos ocasión de comentar en el presente artículo.
|
![]() |
![]() |
Nos vamos ahora al año 1981, cuando la gran diva del bop Sarah Vaughan graba un LP para Atlantic titulado SONGS OF THE BEATLES, con arreglos y producción de Marty & David Paich. Marty es un fenomenal arreglista de la Costa Oeste, responsable entre muchos otros de una obra maestra como el MODERN JAZZ CLASSICS de Art Pepper plus Eleven. Desgraciadamente en esta ocasión el resultado no pasa de discreto, pese a la presencia en el disco de respetables músicos como Toots Thielemans a la armónica o Lee Ritenour a la guitarra. El ambiente general del disco es el de una fusión con ritmos funky y soul, frecuentemente alejado de las coordenadas jazzísticas. Aunque Sassy se defiende con elegancia y estilo en baladas del calibre de And I Love Her, Here There & Everywhere o The Long And Winding Road, la grabación no aporta nada excesivamente relevante a su extensa discografía. Tan solo me parece destacable una excelente versión de Something a ritmo de Bossa Nova con Toots acompañando con silbidos un poco al estilo de su grabación con Elis Regina, la gran y malograda cantante brasileña (AQUARELA DO BRASIL)
|
|
Ya en el año 1989 nos damos de bruces con dos grabaciones de un extraño grupo denominado L.A. Workshop with New Yorker para la discográfica DENON. El grupo es totalmente enigmático, pero está integrado por viejos conocidos de la escena de fusión de los años 80 como Joe Sample, teclista y miembro fundador de los Crusaders, Eric Gale, guitarrista de sesión en muchos discos de CTI, o el mismo Lee Ritenour. También aparece por ahí Ernie Watts, saxofonista con un cierto pedigree jazzístico, después de su paso por las big bands de Oliver Nelson y Buddy Rich y sus grabaciones con Cannonball Adderley, Dizzy Gillespie o Benny Golson. La verdad es que los discos no son ninguna maravilla, ya que despiden una fusión agradable y resultona, pero de poca profundidad. Solamente aparecen aquí por la virtud que exhiben de escarbar en el legado Beatle en busca de canciones menos trilladas pero aun así espléndidas como Julia, Anna o If I Fell.
|
![]() ![]() |
![]() |
Cuatro años mas tarde, Mike Mainieri - el vibrafonista miembro fundador de Steps Ahead - produce un mas que interesante disco titulado COME TOGETHER - A GUITAR TRIBUTE TO THE BEATLES, en el seno de la discográfica de su propiedad. Para ello reúne a un respetable elenco de artistas de las seis cuerdas y les hace escoger a cada uno un tema para interpretarlo en solitario o acompañado de los músicos de su elección. La carpetilla interior del CD incluye declaraciones de todos los músicos expresando su admiración por la música de los de Liverpool. Leamos a Toninho Horta, el fabuloso guitarrista de Belo Horizonte: "Cuando escuché la primera canción de los Beatles en el año 1965, titulada I Want To Hold Your Hand, pensé que esos tipos no eran buenos músicos porque rompían el compás y el tempo del tema. Pero años mas tarde escuché el LP REVOLVER y muchas canciones de ese album me llegaron al corazón, especialmente Here, There and Everywhere. Desde entonces me he convertido en un gran fan de los Beatles. Para mí, son la banda mas revolucionaria de todos los tiempos, por obra y gracia de su contribución a la cultura y música del mundo". Palabras sinceras que sintetizan el sentimiento común de todos los músicos que participan en esta grabación.
|
De hecho y salvo la rara excepción de Adrian Belew como infiltrado procedente de la escena rock - guitarrista con Zappa, Talking Heads y King Crimson - el resto de músicos que intervienen proceden de las distintas corrientes jazzísticas del momento. El torrencial Allan Holdsworth, por ejemplo, emerge en el atrayente universo del jazz progresivo británico - llegó a tocar en Soft Machine en su etapa mas jazzrockera - y aporta una endiablada transfiguración de Michelle en cuarteto con Gordon Beck al piano. Ralph Towner y Larry Corryell participan con inspiradas interpretaciones de Here, There and Everywhere y Something a la acústica y en solitario. John Abercrombie contribuye con un And I Love Her en su estilo tortuoso, acompañado por Marc Johnson y Peter Erskine. Pero lo mejor de la sesión son los temas interpretados por Toninho Horta y Toots Thielemans. El primero borda She´s Leaving Home convirtiéndola en una sensual y atmosférica balada donde es fundamental la aportación de la percusión de Nana Vasconcelos y el vibráfono de Manieiri. Respecto a Thielemans, ofrece sencillamente la mejor versión jazzística de Yesterday que se haya grabado nunca, plena de lirismo y alejada de toda sensiblería. Acompañado exquisitamente por Kenny Werner al piano, Jay Anderson al contrabajo y Adam Nussbaum a la batería, el polifacético músico belga construye sus sofisticados solos utilizando, como es habitual en el, la ármónica cromática, la guitarra y los silbidos.
|
Y seguimos en los años 90 con una nueva grabación editada por el sello GRP de la mano del exitoso productor Tommy LiPuma. El título es (NO TENGO NADA EN CONTRA DEL) JAZZ MODERNO, parafraseando la letra del Roll Over Beethoven de Chuck Berry, un tema frecuentemente versioneado por los Beatles. Se trata de un tributo de artistas de este sello, interpretando piezas en diferentes formatos, con resultados claramente desiguales que van desde lo emocionante a lo desechable. Nos encontramos por un lado dignísimas interpretaciones de McCoy Tyner en trío (She´s Leaving Home) o de la ahora mundialmente famosa vocalista Diana Krall (And I Love Her). Nuestro admirado Chick Corea, por el contrario, suena particularmente desganado en Eleanor Rigby a piano solo, en una ocasión desaprovechada de mostrar su impresionante talento. Sorprendentemente, uno de los momentos estelares del disco corre a cargo de los Spyrogyra de Jay Beckenstein, con una preciosista rendición acústica de una de las piezas mas infravaloradas del catálogo del cuarteto, la excepcional In My Life de John Lennon. También son destacables las intervenciones de David Benoit en quinteto interpretando Here, There and Everywhere, y de Dave Grusin al piano solo que sale airoso en su versión del ya legendario Yesterday. Arturo Sandoval también sorprende gratamente con una suculenta versión para big band de Blackbird, con una orquesta que cuenta entre sus miembros al saxofonista Mario Rivera, conocido en los circuitos de jazz latino por sus colaboraciones con Tito Puente o Dizzy Gillespie, entre otros. El resto del disco adolece de una cierta rutina a pesar de la presencia de viejos conocidos como George Benson o Lee Ritenour.
|
![]() |
![]() |
Pasemos ahora de puntillas por uno de los mas insatisfactorios proyectos de homenaje que tendremos ocasión de comentar en estas páginas. Se trata de STRAWBERRY FIELDS, una decepcionante producción de Bob Belden que congrega a vocalistas de renombre como Cassandra Wilson o Dianne Reeves e interesantes músicos como los saxofonistas Javon Jackson y Greg Osby. Solo tiene el mérito de huir de los tópicos apuntando a piezas inexploradas como la fabulosa Strawberry Fields Forever o la apocalíptica Tomorrow Never Knows (el único tema monocorde del cuarteto, una pieza a la que resulta difícil extraerle miga una vez despojada de los alucinantes efectos sonoros de la versión original). Se salva de la quema una acertada versión de I´m Only Sleeping (otra de nuestras canciones fetiche) a cargo de la canadiense Holly Cole, que si captura adecuadamente el espíritu de un original con posibilidades de transcripción jazzística.
|
|
Nos situamos ya por último en los albores del siglo XXI para comentar dos espléndidas adiciones a esta curiosa lista de homenajes. Se trata de dos discos de un trío denominado convenientemente Beatlejazz, un proyecto concebido por las mentes inquietas del pianista Dave Kikoski y el batería Brian Melvin. Kikoski aparece por primera vez en el panorama jazzístico como músico de sesión en ediciones del sello danés Criss Cross acompañando al saxofonista Ralph Moore; posteriormente compaginará sus trabajos como líder para dicho sello con una larga colaboración con los diversos grupos de Roy Haynes en los 90, para acabar formando parte de la fantástica Mingus Big Band (una orquesta que por si sola merecería un especial en estas páginas) en grabaciones como QUE VIVA MINGUS, BLUES AND POLITICS o TONIGHT AT NOON. Brian Melvin, por su parte, es un fino batería en cuyo currículum destacan colaboraciones con Archie Shepp y sobre todo Jaco Pastorius, acompañando al malogrado y genial bajista de Weather Report en las últimas grabaciones antes de su trágica desaparición.
|
![]() ![]() |
Las portadas de A BITE OF THE APPLE y ANOTHER BITE OF THE APPLE juegan con uno de los principales símbolos de la iconografía beatle, la manzana verde representativa del efímero sello de grabación creado por el mítico cuarteto para alojar no solo sus últimas obras, sino también las de otros artistas por entonces desconocidos como James Taylor (poca gente sabe que el hoy famoso cantautor americano fue un descubrimiento de McCartney y compañia). Incluso una venerable institución jazzística como el Modern Jazz Quartet llegó a grabar, en vida de los Beatles, dos discos para Apple Records. La música que contienen estas dos obras es un ejercicio de estilo de gran interés para los que disfrutamos tanto de las composiciones de Lennon, McCartney y Harrison como de los tríos de piano moderno descendientes de Evans, Corea o Jarrett. Escudriñando en el repertorio menos popular (incluso de temas de discos en solitario posteriores a la ruptura), Kikoski y Melvin (acompañados del contrabajista Charles Fambrough) triunfan en la difícil transición pop-rock-psicodelia-jazz, rearmonizando los temas para acomodarlos a brillantes improvisaciones llenas de inventiva, complejidad rítmica y fructíferos diálogos entre los músicos. Ni mas ni menos que lo que cualquier aficionado exigente espera de un disco de jazz moderno, siendo muy reveladora su comparación con los discos de Basie comentados en este mismo artículo para comprender la evolución de esta música desde la época de las grandes big bands hasta nuestros días.
Beatlejazz efectúan hábiles y selectivas incursiones en las carreras en solitario de los ex-beatles, interpretando baladas tan significativas como Junk, extraída del primer LP en solitario de Paul McCartney, o la bellísima Give Me Love, de George Harrison, perteneciente a su tercer disco (LIVING IN THE MATERIAL WORLD). John Lennon por su parte aporta Love, una perla procedente del magistral PLASTIC ONO BAND. Pero aunque Beatlejazz parecen centrarse principalmente en la etapa posterior a REVOLVER, también seleccionan con astucia ciertos temas de la primera época que, a juzgar por los resultados, parecen ajustarse como un guante al concepto improvisatorio del trío. Así, canciones magníficas - y poco sobadas - como It´s Only Love, If I Fell, I´ll Follow The Sun o I´t Won´t Be Long atraviesan el tamiz jazzístico con la calificación de notable. Pero una muestra mas de la habilidad de Kikoski y Melvin la hallamos en piezas de difícil transición (por la distancia que hay entre ambos universos musicales) como I Am The Walrus, Magical Mistery Tour o Tomorrow Never Knows, donde utilizan breves motivos melódicos instantáneamente reconocibles para elaborar complejas improvisaciones que incluyen alusiones a otras canciones del cuarteto. Solo hay una concesión a la ortodoxia: la interpretación de Here, There & Everywhere, una canción que pocos jazzmen se resisten a interpretar a la hora de acercarse a la obra musical de los británicos. La joya de la corona es, sin embargo, una magistral versión de la no menos magistral Julia, de John Lennon, convertida aquí en una bossa nova que estoy seguro haría las delicias de mi compañero de página, que como sabéis se pierde por los ritmos brasileños.
En resumen y para terminar con este agotador artículo: los discos homenaje a los Beatles configuran un minúsculo archipiélago dentro del vasto océano jazzístico, difícil de localizar en el mapa y poco frecuentado por los aficionados. Sin embargo, y a pesar de que algunas de sus islas son desérticas, otras albergan una exuberante y frondosa vegetación, y todas ellas esconden algún valioso tesoro. Por ello, desde estas páginas os invito a explorarlas. Quién sabe, quizá acabéis embarcando en el submarino amarillo dispuestos a descubrir otros mares, otros océanos igual de vastos.
A splendid time is guaranteed for all!