
Texto: Lorenzo Orriols y Enrique de Ramón
| Las azarosas vidas de muchos míticos jazzmen negros americanos disponían del potencial dramático suficiente para haber sido objeto de estimulantes revisiones cinematográficas que habrían hecho las delicias de los aficionados al género. Lamentablemente, el mezquino racismo de la sociedad estadounidense en los años dorados del séptimo arte limitó la oferta a edulcoradas biopics de músicos blancos como el popular pero irrelevante Glen Miller en MUSICA Y LAGRIMAS de Anthony Mann, o el seminal trompetista de Chicago Bix Beiderbecke en YOUNG MAN WITH A HORN, de Michael Curtiz. La presencia de músicos de color fundamentales como el viejo Satchmo se redujo básicamente a fulgurantes apariciones cameo en films por otra parte excelentes como HIGH SOCIETY o PARIS BLUES, esta última de temática vagamente jazzística y protagonizada (¿como no?) por el albo e impoluto Paul Newman. Hubo que esperar hasta el año 1986 para ver reparada esta injusticia histórica con la emocionante película de Bertrand Tavernier ALREDEDOR DE LA MEDIANOCHE, libremente basada en las vidas de dos legendarios músicos de jazz negros como Lester Young y Bud Powell. Hazla formar parte de tus recuerdos, como nosotros lo hicimos en su momento. |
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DANCE
OF THE INFIDELS: A PORTRAIT OF BUD POWELL Todo empezó con la historia de una generosa amistad. Año 1956. Francis Paudras, un humilde artista gráfico francés lee con avidez las columnas de Jazz Hot en busca de noticias sobre su ídolo, el pianista Bud Powell, una de las deslumbrantes figuras de la revolución bop. La pasión de Paudras es un efecto secundario de la invasión cultural norteamericana iniciada en la liberación de París por las tropas aliadas en el año 1945, fenómeno que incluyó una mas que beneficiosa propagación de la afición a la música afroamericana por todos los rincones de la capital francesa. Llegará a contactar con Powell en una de sus frecuentes visitas, encontrándose para su sorpresa con un torturado personaje, cuya portentosa inspiración musical esconde una personalidad infantil y manipulable, que unida a una incurable enfermedad mental le hace depender de su pretendida mujer: una víbora insaciable denominada Buttercup que le atiborra a tranquilizantes y le chulea inmisericordemente las pagas de sus actuaciones en los clubes nocturnos de Paris. La sincera amistad - en ocasiones con tintes obsesivos - que le dispensará Paudras resultará al fín y al cabo tremendamente beneficiosa para Powell, alejándole de tan perniciosas influencias y, con unos cuidados médicos adecuados, logrará un cierto florecimiento de su carrera musical en los escenarios parisinos, salpicada, eso sí, por diferentes episodios patéticos protagonizados por el pianista: huidas sin rumbo, borracheras letales, tormentosas relaciones con avariciosos productores discográficos y dueños de locales... La vuelta a los Estados Unidos de su protagonista, huyendo de su propio éxito en un arranque nostálgico, clausura el libro trágicamente con su esperada muerte, consumido al fin por las fuerzas que nunca llegó a controlar. El libro es abundante en sustanciosas anécdotas jazzísticas, constituyendo el indispensable retrato de una floreciente escena musical francesa catapultada por la presencia de grandes músicos americanos exiliados en busca de un reconocimiento difícil de obtener en su país de origen. Por sus páginas desfilan viejos conocidos como Johnny Griffin, Dexter Gordon, Kenny Clarke, Chet Baker o su gran amigo Thelonious Monk. Casi puede palparse la cargada atmósfera de los claustrofóbicos locales de jazz surcada por torrentes de notas que surgen del piano de Powell, en apasionadas demostraciones de lirismo y técnica a partes iguales, y acompañadas del inevitable tintineo del hielo en los vasos y las conversaciones en voz baja. Un ambiente certeramente descrito por un entusiasta Paudras y una historia fascinante que pide a gritos una versión cinematográfica como la que afortunadamente se hizo realidad años después. DANCE OF THE INFIDELS es un libro sobre la relación entre la genialidad y el temperamento autodestructivo, tan común entre los músicos de jazz de la época dorada; es también una vindicación de la amistad como fuerza arrolladora capaz de superar los obstáculos mas impredecibles. Pero también nos induce a una inquietante reflexión sobre la marea incontrolable de las pasiones: el propio Paudras sería víctima de ellas, rompiendo su matrimonio y acabando con su vida años después de escribir este libro, en una autoinmolación que guardaría ciertos paralelismos con la de su ídolo.
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'ROUND
MIDNIGHT: La Película La noche ha caido sobre Paris. En un callejón oscuro las cámaras nos introducen a través de un interminable travelling en la profundidad de un club de jazz. En el escenario se encuentra Dexter Gordon, que transformado en actor protagonista da vida a Dale Turner, saxofonista alcohólico y drogadicto, que como otros muchos de sus compatriotas se ha refugiado en Europa, no ya en busca del éxito y el aplauso, sino de la mera supervivencia. Allí, sometido a la férrea dictadura de su compañera Buttercup, recorre a diario el triste camino que separa el hotel en el que vive encerrado, del club en el que toca todas las noches. Francis Borler, un aficionado francés que ha hecho de la música de Turner, la razón de su vida, sacrificando incluso su trabajo y su propia familia, acude al club para conocer a su ídolo. Tras ímprobos esfuerzos, consigue llevar a vivir consigo al saxofonista y gracias a sus cuidados y a la incondicional devoción de su amigo, Turner abandona el alcohol, vuelve a componer y renace física y artísticamente de sus cenizas. Pero Turner no es feliz en esa burbuja de éxito y adoración; no puede escapar por mas tiempo de su propio espíritu autodestructivo. Por ello debe regresar a Estados Unidos, para encontrase finalmente con su trágico destino. Esta es la hermosa historia que relata el director francés Bertrand Tavernier, en su film de 1.986 ROUND MIDNIGHT, con el que logra una inmersión de una profundidad sin precedentes en todos los aspectos del universo jazzístico: el literario, el gráfico y el musical, y sobre todo en el peculiar carácter de sus personajes, sin mas artificios que las licencias propias del drama. ROUND MIDNIGHT no es propiamente una película mas sobre el Jazz, sino un verdadero musical, en el que destacados jazzmen, interpretan en directo números completos en el escenario de un club de Jazz, perfectamente retratado por Tavernier, sin ningún tipo de interferencia argumental. Por otra parte la música incidental, arreglada y en parte compuesta por Herbie Hancock y que mereció el Oscar de la Academia de Hollywood, es un elemento fundamental que colorea sus escenas de tristeza y poesía. Sus actores son en buena parte músicos de Jazz como Herbie Hancock o Bobby Hutcherson y por supuesto, el protagonista, Dexter Gordon que, casi interpretándose a sí mismo, consiguió una nominación para el Oscar al mejor actor. Sus aportaciones y constantes sugerencias durante el rodaje, dotaron a su personaje de un gran realismo y verosimilitud. ROUND MIDNIGHT captura a la perfección el espíritu del Jazz. Es un film sólido, técnicamente brillante, pero ante todo es un emocionante homenaje al jazz y a sus devotos amantes.
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´ROUND
MIDNIGHT: Banda Sonora Original Cuando Herbie Hancock se hizo cargo de la banda sonora del film ROUND MIDNIGHT, decidió reunir para tal evento a aquellos viejos compañeros que en los años 60 y para la discográfica Blue Note, construyeron, en álbumes que hoy son objeto de culto, la estructura principal de lo que denominamos Hard Bop. Así, hizo volar a Paris al trompetista Freddie Hubbard, al saxofonista Wayne Shorter, los baterías Billy Higgins y Tony Williams, el pianista Cedar Walton, el vibrafonista Bobby Hutcherson, y al bajista Ron Carter que intervendría estelarmente en algunos temas, aún cuando el bajista principal iba a ser el francés Pierre Michelot. Además se tomó una decisión que constituye uno de los grandes aciertos del film: la música de las escenas correspondientes a actuaciones en los clubes de Jazz, se grabaría en directo en las geniales reproducciones que Tavernier había hecho construir de los clubes Blue Note de Paris y Birdland de Nueva York, transmitiendo una sensación de verosimilitud, inalcanzable por el método del play-back. Dicho todo esto y contando con la presencia de un plantel de músicos de brillantez insuperable, el resultado tenía que ser necesariamente bueno, pero finalmente fue soberbio. El motivo tiene un nombre: Herbie Hancock. La autoridad que le otorga el hecho de ser uno de los grandes protagonistas del Jazz moderno, su propia e insustituible intervención como pianista en muchos de los números así como su larga experiencia en el mundo de la música para el cine y la televisión, son algunas de las claves. Dada la longitud final de la banda sonora la edición de la misma se hizo en dos discos. El primero de ellos que aquí se comenta se publicó como la banda original del film pero no contenía, por supuesto, la totalidad del material grabado. El tema de cabecera elegido fue la mítica composición de Thelonious Monk “Round Midnight” y el intérprete seleccionado, el cantante Bobby McFerrin, verdadero transformista musical que con su voz puede reproducir el sonido de cualquier instrumento y que recorre sinuosamente las misteriosas y dramáticas líneas melódicas del tema. Pero llega el momento de sumergirnos en el embriagador ambiente del club “Blue Note” y allí nos encontramos con Dexter Gordon que a pesar de sus 62 años y de su galopante alcoholismo, demuestra que las gloriosas épocas de OUR MAN IN PARIS o de GO no están realmente tal lejos como pudiera pensarse. Tantos años pasó en los escenarios de los clubes de jazz europeos, que para él era como estar en el salón de casa, con bata y zapatillas. El repertorio no tiene despedicio: el tema monkiano “Rhythm-a-Ning”, la bálada clásica “Body And Soul”, muy querida para Dexter y que cuenta con la presencia del guitarrista John McLaughlin o el hermosísimo tema compuesto por el propio Hancock “Still Time” que Dexter interpreta al soprano. En el tema “How Long Has This Been Goin On”, Dexter comparte escenario con la actriz y cantante Lonette McKee que interpreta el papel de un antiguo amor del saxofonista que reaparece fugazmente en su vida. Y no podemos olvidarnos del guiño hacia el pianista Bud Powell y a Francis Paudras, verdaderos protagonistas de la historia real en la que se basa el film, al interpretar el tema del pianista “Una Noche Con Francis” en la que asistimos a una dulcificada batalla entre Dexter Gordon y Wayne Shorter; músicos de distintas generaciones y de muy diferentes concepciones musicales, pero muy próximos aquí, por obra y gracia del mutuo respeto y admiración. Tres temas usados como música incidental en el film merecen una especial consideración: el primero es el dúo de Herbie Hancock y Bobby Hutcherson en “Minuit Aux Champs-Elysées” de excepcional belleza. Otro es la balada de Jimmy Rowles “The Peacoks”, con su etéreo halo de apabullante tristeza, interpretada por Wayne Shorter doblando al saxo soprano. El último es el tema de Kenny Dorham “Fair Weather” interpretado por Chet Baker. La presencia de Baker en la banda sonora del film, obró los efectos de la del mosquito atrapado en el ámbar: un pequeño detalle que convierte un objeto de gran valor y belleza en algo excepcional e irrepetible. La interpretación de Chet nos relata sin palabras la razón por la que el trompetista se transformó en vida en un mito del Jazz. El tema se registró en una sola toma y sin ensayos y la sensibilidad de Chet, tanto al cantar la balada como al interpretar su solo de trompeta, impresionó sobremanera a los músicos que le acompañaban. El film se despide con la agridulce belleza del tema de Hancock, “Chan´s Song”, interpretado nuevamente por Bobby McFerrin. Pero este final es solo el comienzo de una, igualmente brillante, segunda parte.
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DEXTER
GORDON: The Other Side Of ´Round Midnight Esta segunda entrega no es menos extraordinaria que su antecesora. Pese a estar compuesta de tomas descartadas en la banda sonora oficial del filme que nos ocupa, mantiene las constantes vitales y el ambiente brumoso y sofisticado. Dexter Gordon se muestra brillante reinterpretándose a si mismo y retorciendo hasta el límite su propio estilo baladístico tan apreciado a lo largo de innumerables grabaciones clásicas, como se puede apreciar en el Round Midnight que abre el disco, una espléndida versión cuya principal curiosidad es una sección rítmica inusual con dos contrabajos pulsados por Ron Carter y el danés Mads Vinding. Pero el disco aloja mas curiosidades: un blues clásico nacido de una improvisación colectiva iniciada por el genial Wayne Shorter al que se van añadiendo por turnos Ron Carter, Herbie Hancock y Billy Higgins, y que fue bautizado in situ por el coproductor Michael Cuscuna con el nombre de Call Sheet Blues. Y una belleza a ritmo de vals titulada Tivoli registrada a altas horas de la madrugada con Dexter doblando al soprano, que nos deja con la miel en los labios al acabar con un fade en el siempre brillante solo de piano de Herbie Hancock - según Cuscuna, los músicos, agotados, solo grabaron la porción del tema necesaria para ilustrar la escena correspondiente de la película -. La única explicación posible para que una interpretación tan maravillosa como la que se puede oir en As Time Goes By quedara fuera de la versión oficial es la insuperable calidad de todos los temas incluidos en el primer disco, pero afortunadamente aquí podemos disfrutar de la magnífica balada de Herman Hupfeld, archifamosa por ser el tema interpretado al piano por Sam en CASABLANCA. En ella, los inspiradísimos solos de John McLaughlin a la guitarra y Herbie Hancock al piano se entrelazan mágicamente, con un Dexter Gordon infinitamente expresivo y emocionante al tenor. El resto de temas del disco son igualmente destacables: It´s Only a Paper Moon, en cuarteto con Bobby Hutcherson, un estándar en cuya interpretación se alternan los ritmos latinos con un 4x4 puramente jazzístico. What Is This Thing Called Love, de Cole Porter, cantado con inusual ortodoxia por Bobby McFerrin en dúo con Herbie Hancock. Un inquietante Berangere´s Nightmare #2, con Freddie Hubbard a la trompeta arañando el free y acompañado de la sección rítmica del fundamental quinteto preeléctrico de Miles Davis. El disco termina con las cadencias impresionistas de Herbie Hancock al piano solo, reinventando por enésima vez, en un caudal inagotable de creatividad, el inmortal tema de Thelonious Monk que da título a la película. Un broche de oro para demostrar que en algunos casos, segundas partes si pueden ser buenas.
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