Son dos leyendas : Arthur Tatum y Benjamin Francis Webster nacieron
en 1909 para la música. Tatum nace casi ciego, aunque, operado,
posea una cierta visión : nada vé por un ojo, por el otro,
lo justo para jugar a las cartas, su gran pasión; otra es
tocar por placer con otros músicos de jazz al acabar de hacerlo
por dinero. Memoria y oído, aspectos comunes a los ciegos, alcanzan
en él cotas insólitas : no olvida una voz, un dato, sabe
cuán lleno está su vaso por el sonido del líquido
al caer. Su madre conoce sus facultades. Le hace estudiar violín,
guitarra y piano, del que será rey indiscutido: al poco, sus fabulosas
facultades le permiten reproducir sin esfuerzo cualquier canción,
pues oída una vez no la olvida nunca. Sus influencias : Fats
Waller y Earl Hines.
Webster. Otro monstruo, multiinstrumentista increíble. Toca
el saxo tenor -también es su rey-, y con la misma perfección,
el saxo alto, piano, clarinete y violín, éste último
por amor a su madre, que lo adora. Ben lo detesta y considera "femenino",
pero lo toca, y bien. Pero lo que quiere, en sus primeros años,
es tocar el piano ¡como Fats Waller!. Convence a su madre y
aprende a tocarlo. Será un consumado maestro. Empieza en un cine
mudo y, en 1928, con Rusty Nelson. No conoce las sensuales curvas del saxo,
pero allí está Budd Johnson, saxofonista y su mentor, que
le muestra sus rudimentos. Ben enloquece y decide que será saxofonista.
Practica sin descanso. Con 19 años, se enamora del sonido único
de Coleman Hawkins y Johnny Hodges.
W.H.Young, padre de Lester, impresionado por el sonido de Ben, intenta
contratarlo. Webster carece de saxo propio. Young padre, gran cazatalentos,
le regala uno y se hace con sus servicios.
Gene McCoy, instigado por Budd Johnson, le contrata como saxo. Comienza
su carrera. Ben quema etapas y toca con Bennie Moten, institución
del jazz. Conoce a Bill Basie, que será famoso como Count Basie,
y con el que tocará varias veces. Con Moten, Ben graba sus primeros
solos y luego toca con las grandes estrellas de entonces, y en 1935, entra
en la orquesta de Count Basie como suplente, y, brevemente, toca y graba
con él en el 35 y 36.
En 1940 ingresa en la orquesta de Basie, hasta 1943, llevando a una
gran perfección su fraseo y sentido del tempo, considerándose
uno de sus períodos más creativos. Volverá con él
en 1948 y 1949. Es ya un maestro y pilar del jazz. Toca con el "quién
es quién" del jazz: Oscar Peterson, Don Byas, Billie Holiday, Johnny
Hodges, Dizzy Gillespie, Coleman Hawkins, Gerry Mulligan, Benny Carter,
Joe Zawinul, Harry "Sweets" Edison, Jack Teegarden, el propio Art Tatum...
Deja a Count, y durante 3 años, es un frenético "free
lance", actividad que le lanza aún más al estrellato, le
dá fama y trabajo, pero no el dinero necesario para vivir bien.
El jazz, entonces, sólo enriquece a grandes figuras y a sus
representantes. Ben... aún no es su caso. Providencialmente, ¿o
no fué así?, Norman Granz se cruza en su vida. Curioso personaje
Norman, vital en y para el jazz. Funda sellos como Cleff, Norgran, Pablo
y sobre todo Verve, crea los conciertos Jazz At The Philarmonic (JHTP),
produce algunos discos fundamentales del jazz, cataliza durante décadas
el mejor jazz, y es artífice de reuniones dispares y de uniones
perfectas, como la que nos ocupa.
Granz le contrata en 1946 para sus JHTP. Su oferta dá
estabilidad económica y personal a Ben, que será fiel a Granz
más de 10 años, renovando una y otra vez su contrato. Este
es quizá, su período más lúcido y creativo.
Granz, además, le dá carta libre (lo hará luego con
Tatum), para grabar con todos los grandes del jazz, en funciones de líder
ó co-líder.
En 1953, Granz contrata a Tatum. Su precio -aparte del
económico- : total libertad para grabar lo que quiera y con quien
quiera. Tatum también graba con la crema : Ben Webster, Benny Carter,
Lionel Hampton, Buddy Rich...todas sus discos poseen calidad y creatividad
sin igual. Granz tiene una pasión : meter en un estudio grandes
estrellas, orquestas, músicos en principio antagónicos, todo
vale, todo lo graba, es su lema : "X halla a Y" : normalmente produce engendros,
ó como mucho, música divertida, pero en ocasiones dá
a luz joyas de rara belleza, como nuestro disco.
Dos genios absolutos, en plena madurez, en la cima de su creatividad,
con un único deseo : tocar, grabar, expresarse musicalmente. Tenían
que tocar juntos, y lo hacen el 11 de Septiembre de 1956.
Tatum es el barroquismo musical, el exceso, aúna improvisación
y virtuosismo sin límite, adorna los tiempos ó melodías,
recrea los temas, los hace casi irreconocibles. Su agilidad en el fraseo
es tal, que puede tocar 2 solos distintos, uno con cada mano. Admira claramente
a los grandes pianistas clásicos (intenta convertirse en uno,
pero no cuaja) y a los del blues.
Ben es la sencillez, la elegancia, puede ser feroz, agresivo en tiempos
rápidos, fogoso, violento, Pero en las baladas carece de medida,
es prototipo y maestro más allá de cualquier escala, pues
muestra una ternura y belleza sin límite, su discurso con ése
final donde el sonido se pierde paulatinamente, hasta acabar en su célebre
suspiro exhalado, claramente audible es rico, cremoso, etéreo,
único entre mil. Ben susurra las baladas, las insinúa. De
su sonido se dijo "tan sensible en las baladas, que es casi femenino",
pero también que, en tiempos rápidos, "es profundo y muy
varonil". No hay sexo para su saxo, sólo el sonido lírico,
plácido, sensual, salvaje, tan envolvente que trasciende el tiempo
y llega, vírgen y fascinante, hasta hoy, tan vigente como el primer
día.
Es un choque formidable de dos músicos titánicos, que
se admiran mutuamente: Ben, entusiasta del estilo de Tatum, es también
un magnífico pianista, maestro en el difícil estilo de piano
de Harlem, que domina perfectamente, pese ser una faceta suya muy olvidada.
El disco gusta mucho a ambos. Ben lo considera su mejor disco en estudio.
Planteado como un Lp de Tatum con Webster, lo es realmente de Tatum y Webster.
Art, paradigma del solista, debe ceder a menudo el protagonismo a Ben,
al que no asusta el poder de Tatum, dios vivo del jazz. Hasta busca la
confrontación : pocos pueden hacerlo, pero Ben no rehúye
una batalla, y sale indemne.
Los temas : clásicos de Broadway y del jazz de los años
30/40, baladas de una belleza melancólica, introspectiva, sobrecogedora.
Excepción: Night And Day, el "rock duro" del Lp, un medio tiempo
excepcional, vehículo perfecto para el exhibicionismo de Tatum,
y un Ben que despista al comienzo -¡parece Indian Summer!- pero que
enseguida camina por derroteros vigorosos. Salvo éste, el resto
sigue el mismo patrón : larga introducción de Tatum -a veces
media pieza- al que substituye Ben en su labor solista, aunque no impida
en absoluto oir a Tatum, presente en casi todos y cada uno de los minutos
del disco, aunque el potente sonido de Ben, en ocasiones, logra cubrir
su discurso . Todos los temas son de una belleza emocional, aturdidora.
Gone With The Wind abre el disco y ya nos embruja la magia. Ben se muestra
sereno y Tatum arrollador, como siempre. Aunque sus coloquios parecen ajenos
el uno al otro, una atenta escucha descubre que son totalmente equidistantes.
Y tras éste ...notas que es imposible que temas como All The Things
You Are no te afecten el corazón : una majestuosa y emotiva balada
donde Ben desgrana algunas de sus mejores notas, sin permitir que nada
se interponga en su discurso intimista, de una belleza enternecedora y
un patetismo hondo y melancólico. Tatum se muestra igualmente reflexivo,
lírico, ensimismado. Cuando acaba, sobre el último hálito
de Ben, notas una sensación de gran pérdida, pero enseguida
empieza Have You Met Miss Jones?, y sabes que el hechizo continúa
con un Tatum épico y Ben aún más sensual y sugerente
que de costumbre. En My One And Only Love, clásico entre ellos,
tras la deliciosa entrada de Tatum, irrumpe un muy carnal Ben, en una balada
que, lo es tanto que se deshace, donde Tatum demuestra ¡y como! que
también sabe tocar baladas. My Ideal nos lleva a un universo amable,
donde los dos, muy mesurados culminan una versión, realmente
insuperable.
Where Or When cierra el disco, el esperado broche de oro y, ¿qué
mejor fin que el delicado y elegante tema de Rodgers y Hart?. Tras una
larguísima entrada de Tatum, donde se presenta especialmente melancólico,
comienza Ben su alocución, y el mundo se detiene. Inevitablemente
te atrapa su asombroso sonido, que transmite tristeza, nostalgia, la añoranza
por las cosas perdidas...Sí, sacia nuestra sed de belleza y músicas
que no nacieron para ser oídas, sino escuchadas con deleite, paladeadas
hasta la última nota. Hay un aforismo en el jazz : "la balada no
perdona", y en su transcurrir calmo, es fácil cometer errores. Sólo
los grandes pueden coronarlas, y a fé que ambos prevalecen sobre
la dura prueba.
¿Callender y Douglas? : perfectos. grandes músicos muy
buscados, una de las mejores secciones rítmicas, pero ¿quién
les oye?. Pero se puede decir de ellos que contribuyeron a poner la guinda
en un pastel excelso, uno de los mejores discos de jazz de todos los tiempos.
Tatum y Webster buscan la belleza sobre todo, y afortunadamente, ambos
se unen aquí para grabar temas que trascienden su origen para convertirse
en piezas únicas, perfectas, auténticas joyas de orfebre.
Felicitémonos por ello, el mundo hubiera sido un poco menos bello
sin éstos dos genios.
Esta noche -increíblemente- llueve, hace frío y viento.
Es el momento ideal para apagar la luz, quedarse tras la ventana encarando
la noche y, oyendo All The Things You Are, sentir como afloran en tí
todas las emociones y recuerdos que creías perdidos ó rotos.
Y es inevitable que duela, que la música te perturbe el corazón.
Pero es necesario, es hermoso.
Antonio Borrero Sánchez.
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